Ramón Barciela: «La Medicina no se entiende sin una buena relación médico-paciente»
El cardiólogo Ramón Barciela inició su trayectoria profesional en Toledo hace más de cuatro décadas y ha sido testigo directo de la profunda transformación de la Medicina y, en particular, de la Cardiología. Con motivo del 125 aniversario del Colegio Oficial de Médicos de Toledo, conversamos con él sobre vocación, avances tecnológicos, relación médico-paciente, evolución de la especialidad y el legado que una generación puede transmitir a quienes hoy comienzan su camino profesional
¿Qué le llevó a estudiar Medicina?
En mi familia no había tradición médica. Cuando estudiaba Bachillerato me gustaban las ciencias y, especialmente, la Biología. Eso fue lo que inicialmente me llevó a elegir Medicina.
En aquel momento todavía no tenía demasiada conciencia de lo que significaba ser médico. Fue una decisión bastante académica y personal, relacionada con las materias que me interesaban y con aquello para lo que pensaba que tenía aptitudes.
La carrera me gustó desde el principio, aunque los dos primeros años eran más duros. A partir de tercero, cuando empezábamos a estudiar las enfermedades y la patología, me interesó todavía más. Y cuando llegué al hospital y empecé a tener contacto con la práctica clínica fue cuando realmente confirmé que había acertado con mi elección.
¿Por qué eligió Cardiología?
La mentalidad de aquella época era diferente a la actual. Estamos hablando de las décadas de los setenta y ochenta. Existía una visión mucho más centrada en las grandes especialidades médicas y quirúrgicas, mientras que hoy sabemos perfectamente que se puede ser un magnífico médico desde cualquier especialidad.
A mí, dentro de la Medicina, siempre me atrajeron especialmente las áreas más técnicas. La Cardiología ya entonces era una especialidad con una importante vertiente tecnológica, y eso fue una de las cosas que me llevaron a elegirla.
Después de tantos años de profesión, ¿qué importancia tiene para usted la relación médico-paciente?
Es fundamental. Creo que la Medicina no se entiende sin una buena relación médico-paciente.
Cuando yo empecé no disponíamos de la tecnología diagnóstica que existe hoy. La historia clínica era absolutamente esencial. Había que dedicar mucho tiempo a hablar con el enfermo, preguntar, volver a preguntar y reconstruir muy bien lo que le estaba ocurriendo.
Nuestros superiores nos insistían mucho en ello: “vuelva a hacer la historia, vuelva a preguntar”. Había que precisar cómo había comenzado un dolor, cómo había evolucionado, qué características tenía… porque disponíamos de muchos menos medios para llegar al diagnóstico.
Hoy la tecnología es muchísimo más eficaz y rápida y permite obtener información que antes era impensable. Pero también existe una presión asistencial mucho mayor y es más difícil dedicar al paciente el tiempo que se dedicaba entonces.
La historia clínica sigue siendo importante y el trato con el paciente continúa siendo fundamental, aunque hayan cambiado las circunstancias y los medios de los que disponemos.
¿Y qué le ha enseñado el ejercicio de la Medicina sobre las personas?
La profesión te permite conocer bastante bien al ser humano. Atiendes a personas independientemente de su clase social o de sus circunstancias y, cuando alguien atraviesa un momento de dificultad, muchas veces se muestra tal y como es.
Con algunos pacientes, después de verlos durante muchos años, se establece una relación muy próxima. Llega un momento en el que piensas: “ya no es solamente mi paciente; casi es un amigo”.
Todo eso influye también en aspectos de uno mismo que van mucho más allá de la parte estrictamente técnica de la profesión.
Además, ante la enfermedad todos somos iguales. Al final, a todos nos duelen las mismas cosas. Y convivir diariamente con esa realidad creo que también va moldeando al médico como persona.
«La profesión te permite conocer bastante bien al ser humano»
Usted ha sido testigo de una transformación enorme de la Cardiología. ¿Cómo recuerda la especialidad cuando comenzó en Toledo?
La Cardiología en Toledo estuvo bien desde el principio, siempre teniendo en cuenta el contexto de cada momento y comparándola con lo que se hacía entonces en otros centros del país.
Yo elegí hacer Cardiología aquí precisamente porque era una especialidad que funcionaba bien. Se hacían muchas cosas similares a las que se realizaban en otros hospitales.
Pero, evidentemente, aquella Cardiología no tiene nada que ver con la actual. La especialidad fue evolucionando y se fueron incorporando cada vez más técnicas y más profesionales. Al principio éramos cuatro cardiólogos; después fuimos seis, ocho, diez, doce… y hoy el número es muy superior.
¿Cómo valora la Cardiología que se hace actualmente en Toledo?
Creo que tiene un nivel muy alto. La evolución ha sido siempre a mejor, incorporando profesionales y técnicas hasta alcanzar un desarrollo magnífico.
Mi impresión es que hoy un paciente del área de Toledo puede encontrar aquí respuesta a -prácticamente- cualquier problema cardiológico que presente, y recibir además una atención de muy buen nivel.
«A alguien que esté pensando en elegir Medicina le diría que no la estudie simplemente porque le da la nota de corte»
Si pudiera hablar con un joven que está pensando estudiar Medicina, ¿qué le diría?
Le diría que Medicina es una profesión extraordinaria si realmente le gusta y quiere ejercerla.
Pero también le diría algo muy concreto: que no estudie Medicina simplemente porque le da la nota de corte.
A veces parece que, si un estudiante obtiene una calificación muy alta, automáticamente tiene que estudiar Medicina. Y no necesariamente. Puede estudiar Derecho, Ingeniería, Arquitectura o cualquier otra carrera que realmente le interese.
Tener una determinada nota no significa que Medicina sea obligatoriamente tu camino. Lo importante es que te guste de verdad la profesión y que tengas referencias sobre lo que significa ser médico.
Así que mi consejo sería ese: que estudie Medicina si realmente le gusta la Medicina, no simplemente porque pueda hacerlo por su nota.

