Dr. Juan José Criado Álvarez: “No hay evidencia que sustente una alarma sanitaria por hantavirus en nuestro entorno”
El colegiado del COMT y especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública analiza la realidad de esta zoonosis, diferenciando los síndromes clínicos detectados en Europa frente a los de América, y subraya la importancia del enfoque ‘One Health’ para comprender su comportamiento
Toledo, 15 de mayo de 2026
El hantavirus, un género de virus transmitido principalmente por roedores silvestres, reaparece de forma cíclica en la agenda informativa. Aunque su letalidad en ciertas variantes despierta recelo, la evidencia científica actual llama a la calma. Hablamos con el Dr. Juan José Criado Álvarez, médico especialista en Medicina Preventiva y Salud Pública y Coordinador Técnico del Grupo de Desescalada de COVID en Castilla-La Mancha, para arrojar luz sobre esta patología y su verdadero impacto en el sistema sanitario español.
El mapa del virus: del “Nuevo Mundo” a Europa
Dr. Criado, para situarnos, ¿qué es exactamente el hantavirus y por qué su nombre genera tanta atención mediática de forma periódica?
El término designa al género Orthohantavirus. Su reservorio son roedores silvestres y su interés mediático suele deberse a la notificación de casos graves o brotes localizados. Al tener una elevada letalidad en ciertas formas clínicas y un carácter zoonótico, cualquier incremento puntual genera atención, aunque su frecuencia global sea baja.
¿Existen diferencias según la geografía donde se detecte?
Absolutamente. Hay una diferencia virológica y epidemiológica clave. En América predominan los hantavirus del “Nuevo Mundo”, asociados al síndrome cardiopulmonar, que tiene una mayor mortalidad. En cambio, en Europa y Asia —el “Viejo Mundo”— predominan variantes asociadas a la fiebre hemorrágica con síndrome renal (FHSR). En España, el hantavirus no se considera una amenaza frecuente; los casos son esporádicos y vinculados a exposiciones rurales o forestales.
Transmisión y el factor humano
Una de las mayores preocupaciones es el contagio. ¿Hasta qué punto es probable la transmisión entre personas?
La evidencia indica que la transmisión interhumana es excepcional. El mecanismo principal es la inhalación de aerosoles procedentes de las excretas (orina, heces o saliva) de roedores infectados. Si bien el virus Andes es el único con evidencia robusta de transmisión entre personas en contextos de contacto muy estrecho, para la gran mayoría de las especies no existe una transmisión sostenida. Los brotes agrupados suelen deberse a que varias personas compartieron una misma exposición ambiental, no a que se contagiaran entre sí.
¿Qué papel juegan el clima y el medio ambiente en esta ecuación?
Aquí es donde el concepto One Health (Una Salud) resulta imprescindible. Los cambios en la temperatura, las precipitaciones o el uso del suelo alteran los ecosistemas y modifican la dinámica de transmisión de los roedores a los humanos.
“La interpretación prematura de datos no confirmados puede distorsionar la percepción del riesgo colectivo. En salud pública, las decisiones deben basarse en evidencia consolidada”.
Rigor frente a la desinformación
Cuando surgen casos seguidos, se especula rápidamente con posibles mutaciones. ¿Cómo trabaja la comunidad científica ante estas hipótesis?
Con mucha prudencia. Para confirmar que un virus ha cambiado su capacidad de transmisión necesitamos, al menos, tres niveles de demostración: cambios genéticos significativos, alteraciones claras en los patrones epidemiológicos y la reproducción de estos hallazgos en distintos contextos geográficos y temporales. No se pueden sacar conclusiones precipitadas.
En cuanto a la prevención, ¿qué medidas son realmente eficaces para la población?
Son medidas ambientales y conductuales: control de roedores en viviendas y zonas rurales, ventilación prolongada de espacios cerrados antes de su limpieza y el uso de métodos húmedos para no levantar polvo (aerosoles). En entornos de riesgo, el uso de mascarillas FFP2/FFP3, guantes y protección ocular es lo recomendado por los organismos oficiales de salud.
Un sistema sanitario preparado
Tras la experiencia de la COVID-19, ¿está nuestro sistema preparado para estas enfermedades emergentes?
El aprendizaje de la pandemia ha sido fundamental. Los sistemas europeos disponen de protocolos de notificación y capacidad diagnóstica para enfermedades emergentes. La vigilancia epidemiológica es esencial para detectar casos precozmente y monitorizar cualquier cambio geográfico del virus.
Para terminar, ¿qué mensaje enviaría a la ciudadanía y a los colegiados?
Un mensaje de tranquilidad responsable. Los datos actuales no justifican considerar al hantavirus una alerta sanitaria en España, aunque lógicamente se active la vigilancia de esta zoonosis bajo control epidemiológico. En el momento actual, no hay evidencia que sustente la existencia de una alarma sanitaria activa en nuestro contexto. La educación sanitaria es la mejor herramienta para adoptar medidas proporcionales al riesgo real y evitar respuestas desproporcionadas.
*El Dr. Juan José Criado Álvarez es también Vocal Nacional de la Especialidad de Medicina Preventiva y Salud Pública y también Vocal de la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública y Gestión Sanitaria.

